Himno Nacional de Chile


Puede sonar un poco trillado este tema, pero quiero compartir de todas maneras con quienes no hallan leído un poco sobre la historia del Himno Nacional de la República de Chile, para que puedan de esta forma animarse a compartir también con nosotros y con todos aquellos que pasamos por estos lados, un poquito de su historia como Pais Independiente.
por favor, nada de rivalismo, ni ofensas. Recuerden la regla de Oro, “Trata a los demás, como quieras ser tratado…”

Himno Nacional de Chile

El Himno Nacional de Chile es una marcha (en compás de 4/4 o popularmente en 12/8) con letra de Eusebio Lillo, Bernardo de Vera y Pintado y música de Ramón Carnicer. Cuenta con seis estrofas y un coro, pero la versión oficial consta sólo de la quinta estrofa y el coro.

Letra [editar]

El texto esta compuesto por seis estrofas y un coro que se interpreta entre cada estrofa. Oficialmente, en todo acto público se interpreta el coro (escrito por Bernardo de Vera y Pintado), más la quinta estrofa de la letra de Eusebio Lillo:

Puro Chile, es tu cielo azulado,
puras brisas te cruzan también,
y tu campo de flores bordado
es la copia feliz del edén
Majestuosa es la blanca montaña
que te dio por baluarte el Señor, (bis)
y ese mar que tranquilo te baña
te promete futuro esplendor. (bis dos últimos versos)
Coro
Dulce Patria, recibe los votos
con que Chile en tus aras juró.
Que o la tumba serás de los libres,
o el asilo contra la opresión.

(bis dos últimos versos tres veces, luego bis último verso dos veces)

Historia del himno nacional

El primer himno

El primer himno nacional de Chile data de mediados de 1819, cuando Bernardo O’Higgins encargó al poeta chileno-argentino Bernardo de Vera y Pintado una letra al himno que deseaba para la naciente nación. Se cantó por primera vez en las fiestas de septiembre de 1819, cuando a falta de música propia se le cantó con la del himno nacional de Argentina.

Para que compusiera la música se buscó primero al peruano José Reverte, pero su versión no agradó a Vera y Pintado, por lo que le fue encargada una nueva al músico chileno Manuel Robles, que sí encajó con los versos del argentino. El estreno oficial de la canción fue el 20 de agosto de 1820, resultando un éxito inmediato.

Esta primera versión, con la letra de Vera y música de Robles, duró hasta el año 1828. Ese año Mariano Egaña, ministro en Londres, debido a las críticas que escuchó con respecto a la música, decidió encargar una nueva versión al músico español Ramón Carnicer, a la sazón exiliado por su oposición al rey de España Fernando VII.

La música conservaba el poema de Vera, y se estrenó por vez primera en Santiago, en el teatro de Arteaga, el 23 de diciembre de 1828, en un concierto de la Sociedad Filarmónica. Costó un tanto que se asimilase la nueva música, pero al final quedó impregnada entre los chilenos.

Terminada la lucha independentista y establecidas las relaciones diplomáticas entre Chile y España, en 1846 el encargado de negocios de España en Chile Salvador Tavira objetó algunos versos de Vera y Pintado por ser injuriosos y hostiles hacia España. Por esto, el gobierno de Manuel Bulnes Prieto, a través de su ministro del Interior don Manuel Camilo Vidal, encargó al entonces joven poeta Eusebio Lillo Robles el reemplazo de las estrofas injuriosas del Himno Nacional. Las modificaciones contaron con el visto bueno de don Andrés Bello, siendo entonada, tal como lo conocemos en la actualidad, en 1847.

Dos decretos han sancionado el carácter oficial del Himno Nacional. Ellos son el Decreto Nº 3482 del 12 de agosto de 1909 durante la administración de Pedro Montt Montt y el Decreto Nº 3737 del 27 de junio de 1941 bajo la presidencia de la República de don Pedro Aguirre Cerda.

Letra del Primer Himno nacional

Coro
Dulce Patria, recibe los votos
con que Chile en tus aras juró
que o la tumba serás de los libres
o el asilo contra la opresión.
I
Ciudadanos: el amor sagrado
de la patria os convoca a la lid:
libertad es el eco de alarma
la divisa: triunfar o morir.
El cadalso o la antigua cadena
os presenta el soberbio español:
arrancad el puñal al tirano
quebrantad ese cuello feroz.
II
Habituarnos quisieron tres siglos
del esclavo a la suerte infeliz
que al sonar de sus propias cadenas
más aprende a cantar que a gemir.
Pero el fuerte clamor de la Patria
ese ruido espantoso acalló
y las voces de la Independencia
penetraron hasta el corazón.
III
En sus ojos hermosos la Patria
nuevas luces empieza a sentir
y observando sus altos derechos
se ha encendido en ardor varonil.
De virtud y justicia rodeada
a los pueblos del orbe anunció
que con sangre de Arauco ha firmado
la gran carta de emancipación.
IV
Los tiranos en rabia encendidos
y tocando de cerca su fin
desplegaron la furia impotente,
que aunque en vano se halaga en destruir.
Ciudadanos mirad en el campo
el cadáver del vil invasor…;
que perezca ese cruel que el sepulcro
tan lejano a su cuna buscó
V
Esos valles también ved, chilenos,
que el Eterno quiso bendecir,
y en que ríe la naturaleza
aunque ajada del déspota vil
Al amigo y al deudo más caro
sirven hoy de sepulcro y de honor:
mas la sangre del héroe es fecunda
y en cada hombre cuenta un vengador.
VI
Del silencio profundo en que habitan
esos Manes ilustres, oíd
que os reclamen venganza, chilenos,
y en venganza a la guerra acudid.
De Lautaro, Colo-Colo y Rengo
reanimad el nativo valor
y empeñad el coraje en las fieras
que la España a extinguirnos mandó.
VII
Esos monstruos que cargan consigo
el carácter infame y servil,
¿cómo pueden jamás compararse
con los héroes del Cinco de Abril?
Ellos sirven al mismo tirano
que su ley y su sangre burló;
por la Patria nosotros peleamos
nuestra vida, libertad y honor.
VIII
Por el mar y la tierra amenazan
los secuaces del déspota vil
pero toda la naturaleza
los espera para combatir:
el Pacífico al Sud y Occidente
al Oriente los Andes y el Sol
por el Norte un inmenso desierto
y el centro libertad y unión.
IX
Ved la insignia con que en Chacabuco
al intruso supisteis rendir
y el augusto tricolor que en Maipo
en un día de triunfo nos dio mil.
Vedle ya señoreando el océano
y flameando sobre el fiero león
se estremece a su vista el íbero
nuestros pechos inflama el valor.
Ciudadanos la gloria presida
de la Patria el destino feliz,
y podrán las edades futuras
a sus padres así bendecir.

La versión definitiva

La letra tenía duras palabras contra los españoles, por lo que una vez pasado mucho tiempo el fragor de la independencia, los españoles residentes en Chile empezaron a protestar por aquellos versos xenófobos. Como el Estado chileno ya había normalizado relaciones con España, una nueva versión de la letra le fue encargada en 1847 al joven poeta chileno Eusebio Lillo. Llevada la nueva letra ante el escritor y filólogo de origen venezolano Andrés Bello, éste la aprobó, excepto en la sección del coro, que decía:

Libertad, invocando tu nombre,
la chilena y altiva nación
jura libre vivir de tiranos
y de extraña, humillante opresión

Como se censuró su coro, y Lillo se consideraba incapaz de superar el original, se quedó con el anterior. El texto completo de la letra es la que sigue, pero —como se mencionó más arriba— sólo son oficiales el coro y la quinta estrofa.

Coro
Dulce Patria, recibe los votos
Con que Chile en tus aras juró
Que o la tumba serás de los libres
O el asilo contra la opresión.
I
Ha cesado la lucha sangrienta;
ya es hermano el que ayer invasor;
de tres siglos lavamos la afrenta
combatiendo en el campo de honor.
El que ayer doblegábase esclavo
libre al fin y triunfante se ve;
libertad es la herencia del bravo,
la Victoria se humilla a sus pies.
II
Alza, Chile, sin mancha la frente;
conquistaste tu nombre en la lid;
siempre noble, constante y valiente
te encontraron los hijos del Cid.
Que tus libres tranquilos coronen
a las artes, la industria y la paz,
y de triunfos cantares entonen
que amedrenten al déspota audaz.
III
Vuestros nombres, valientes soldados,
Que habéis sido de Chile el sostén,
nuestros pechos los llevan grabados;
Los sabrán nuestros hijos también.
Sean ellos el grito de muerte
que lancemos marchando a lidiar,
y sonando en la boca del fuerte
hagan siempre al tirano temblar.
IV
Si pretende el cañón extranjero
nuestros pueblos osado invadir;
desnudemos al punto el acero
y sepamos vencer o morir.
Con su sangre el altivo araucano
nos legó por herencia el valor;
y no tiembla la espada en la mano
defendiendo de Chile el honor.
V
Puro, Chile, es tu cielo azulado,
puras brisas te cruzan también,
y tu campo de flores bordado
es la copia feliz del Edén.
Majestuosa es la blanca montaña
que te dio por baluarte el Señor,
Y ese mar que tranquilo te baña
te promete futuro esplendor.
VI
Esas galas, ¡oh, Patria!, esas flores
que tapizan tu suelo feraz,
no las pisen jamás invasores;
con tu sombra las cubra la paz.
Nuestros pechos serán tu baluarte,
con tu nombre sabremos vencer,
o tu noble, glorioso estandarte,
nos verá combatiendo caer.

Gobierno militar y tercera estrofa

Durante el gobierno de Augusto Pinochet se agregó a la versión cantada la tercera estrofa de la letra de Eusebio Lillo, que comienza «Vuestros nombres, valientes soldados». El hecho de cantar o no esta tercera estrofa se convirtió para muchos en una expresión de apoyo o rechazo al régimen militar. En 1990, bajo la presidencia de Patricio Aylwin, se volvió a la versión oficial anterior de una sola estrofa. No obstante, partidarios del régimen y de la figura de Augusto Pinochet continúan usando esta tercera estrofa en la interpretación del himno para sus reuniones.

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